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Hasta que el mundo se acabe



See the sunlight
We ain't stoppin'
Keep on dancing till the world ends
If you feel it let it happen
Keep on dancing till the world ends
Keep on dancing till the world ends
Keep on dancing till the world ends

WOAH OH OH OH OH OH OH WOAH OH OH OH





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Del cielo al infierno

PROBLEM?
Esto de los medicamentos y de estar enfermo me está pasando factura a nivel mental, sobre todo durante mis horas de sueño. Esta noche, sin ir más lejos, me he despertado repentinamente porque algo me ha llamado la atención: se escuchaban graznidos. He abierto los ojos súper confuso, apoyado en la almohada y aguzando el oído y he vuelto a oirlos, graznidos de pato, he pensado primero, aunque después me han sonado más a gaviota, porque eran cortos, agudos y frecuentes: hambrientos. Me ha parecido que estaban en el patio interior. El problema es que Montreal, pese a estar rodeada por dos lagos, está en el interior y no es costera y no suele haber gaviotas en esta parte de la ciudad. 


La inventora del oxígeno y una amiga negrita
Pasado el sobresalto me he vuelto a dormir y he soñado que estaba en mi casa, en Valencia, disfrutando de una agradable y abundante cena familiar. Salía a la calle y me encontraba con Rafa y con Pilar, iban vestidos de una manera bastante peculiar y por lo visto íbamos a salir de fiesta. Era mi despedida de España. Rafa me decía que se trataba de una fiesta temática yiddish (que es un idioma judío). Ambos llevaban un gorro cónico, a medio camino entre alguno de los últimos looks de Lady Gaga y el típico gorro de recolector de arroz chino o vietnamita, de color negro y con un pañuelo anudado bajo el cuello. Rafa llevaba una torera de manga larga de la que, en vez de flecos, colgaban plumas de tela, lo que me pareció lo más. Iban bastante esperpénticos, pero tal vez porque era todo en tonos negros u oscuros sí que llegaba a remitir a algún aspecto de la cultura judía.

Estaban súper cariñosos y simpáticos conmigo por eso de que era la despedida. Yo le decía a Rafa: «Si quieres más complementos yiddish, ésa es tu tienda.» Y señalaba una tienda detrás de él en la que se vendían objetos judíos y de Oriente Medio (dréidels, menoras, bisutería con la estrella de David, bolsos...). Y éste se iba corriendo y se estampaba contra el escaparate, gritando «MI DIOS VENGADOR», mientras le daba besos al cristal.

Lidia: Become a fan.*
En medio de todo esto aparecía Lidia entre la multitud, gritando mi nombre, venía corriendo, saltaba y yo la cogía al vuelo. Llevaba uno de sus looks más característicos: una blusa como de seda con un estampado genial en color azul oscuro, una minifalda de tubo negra brillante bastante altita y medias negras con estampado complejo. Y tacones, por supuesto. Me llama la atención que al principio llevase unas gafas de sol circulares, pese a ser de noche. Parece ser que ella también viene a la fiesta yiddish. A todo esto, yo aún no he decidido qué ponerme. De repente nos cruzamos con un tropel de modernos que van andando en todas direcciones. Me suenan las caras de algunos, pero son Rafa y Lidia los que indudablemente saludan a diestro y siniestro. Me presentan a algunas personas y quedamos en que luego nos veremos en la disco. Es un sueño bastante vívido.

Creo que aquí me he vuelto a despertar, desorientado, no había ni rastro de los graznidos, he mirado la hora y eran las 6 y pico de la mañana. He pensado, mientras me adormecía, qué hora sería para Jose y me he justificado pensando que yo tenía que dormir más horas aunque para él fuesen las 12 porque yo me dormí más tarde. Delirios.

Esta vez he vuelto a soñar. Estaba en casa de mi abuela, habíamos ido mi madre y yo a comer con ella. No sé si había algún familiar más. La comida propiamente ya había acabado y mientras ellos hacían la sobremesa charlando en el comedor yo me paseaba por la casa, escuchando música en el iPod con mis auriculares Bose, que en mi sueño funcionaban perfectamente, pero que en la realidad están rotos de un auricular y me parte el corazón. (Nota mental: tengo que llevarlos a reparar, ojalá se pueda). En un momento dado me ponía a ver la tele, ponía algún canal de música de ONO de esos que teníamos antaño en casa como SOL música y constataba que por lo visto estaban haciendo un maratón de vídeos cutrones y súper low budget, de esos que sólo ponen a partir de las 3.30h de la madrugada porque nadie está mirando. Todo muy en la onda de música electrónica del Este y remakes del tema de Superdetective en Hollywood versión maquinola. Una delicia, vamos.

Llega mi madre, se para junto al televisor, mira la pantalla y me dirige una mirada de asco muy elocuente que significa «¿pero qué horror estás mirando?». Estoy de acuerdo con ella y me pongo a hacer zapping. La mayoría de canales me indican que mi abuela no ha pagado por tener ese servicio y que por lo tanto no están disponibles. Imagino que ella tiene el paquete básico de canales. De repente empiezan a aparecer canales porno non-stop, con una chica arrodillada entre dos varones. Momento awkward. Cambio con rapidez, pero a estas cosas modernas les cuesta mucho cambiar de canal. Lo único que aparece ahora en todas las cadenas es la moza bien acompañada o su variante homo, que es en concreto la peli Heaven to Hell. Me siento lo peor por conocerla. Y los canales cambian cada vez más despacio. Además, la puerta de la calle está abierta y hay alguien que está subiendo en el ascensor...

Aquí me he despertado. Bastante flipado con mi actividad cerebral y pensando que las gaviotas habían sido producto de mi imaginación. Descarto la idea de los medicamentos, porque estoy tomándome algún Gelocatilcito de vez en cuando, ¡ni que fuese un Valium 5!

*Disclaimer: esta foto no me pertenece, soy tan stalker que he buscado el nombre de la susodicha en Google Images y me ha aparecido. ¡RABO! Qué calladito se lo tenía, pero si es una foto de esas que te hacen querer gritar «¡Diva!».
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Sobre cunas y epitafios

Hoy, mientras daba clase a mis queridos ancianos, les he pedido que firmasen la hoja de asistencia para llevar un seguimiento y al final del curso entregarles un certificado de asistencia a los que hayan sido fieles. Uno de ellos ha mencionado, con un humor bastante ácido, que lo colocaría en su tumba. Todos se han reído y yo he mencionado, limpiando el aire de la palabra «muerte», que podían ponerlo también en la sala de trofeos o donde ellos quisieran.

En la primera clase hemos hecho un ejercicio fallido sobre viñetas de humor gráfico de Forges, que ha dejado a mis alumnos más confusos que otra cosa porque no entendían el humor, ni los coloquialismos, ni los referentes culturales y por lo tanto, en el mar de la incomprensión no conseguían captar el humor que subyace a sus feroces críticas a banqueros, políticos, sociedad capitalista y demás protagonistas de los periódicos del día a día. Esos chistes, explicados de viva voz no tienen ninguna gracia, para qué vamos a engañarnos.

Tan querida ella.
En la segunda clase, conocedor de mi fracaso anterior, he optado por centrarme en el tema de la maternidad postergada y la paternidad después de los 40 años, gracias a un artículo publicado en El país que me ha pasado la maravillosa, pizpireta, cherry cherry-boom boom y a la sazón ex compañera de piso mía Mire. Esta actividad ha dado mucho juego y bastante conversación. Una señora me ha preguntado de repente a qué edad pensaba tener hijos y me he quedado un poco en blanco. He dicho que sobre los 35 años como mínimo, planteándome internamente si los tendré alguna vez, adoptivos o a lo Rachel Berry de Glee, producto de un vientre de alquiler y un batido del esperma de sus padres (a día de hoy aún no se sabe cuál de los dos es el verdadero progenitor, aunque uno de los dos es noir y a Rachel no la veo yo muy mulata, la verdad).


Qué insulsa mi vida últimamente, ¿verdad? ¡Pues no! Este finde fue bastante bacanal, entre unas fiestas y otras, sólo que esas cosas no las suelo contar aquí, que ustedes se me escandalizan. A ustedes les muestro reflexiones pseudo profundas acerca de la vida posmoderna en los suburbios de Japón y mi discreta vida laboral. Los datos eroticofestivos me los preguntan in person.


PD: La Gaga ha bajado al #9 (-5) en su segunda semana en el chart de Last.fm, y Britney baja nada menos que al #33 (-21), pese a tener ambas dos más escuchas que la semana anterior. La culpa es del nuevo disco de Radiohead y del de Arcade Fire (que los muy cultos musicalmente estadounidenses están escuchando masivamente debido al premio Grammy que se han llevado). Estos grupúsculos indies son unas perras advenedizas, la verdad. Unas dejándose el culo promocionando y subiéndose a plataformas con tubos en los dedos para que lleguen cuatro zarrapastras y les quiten lo bailao de golpe y porrazo. ¡Pues no! x2
Beware of Clowney. She will hunt you down at night.

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Domingo de reflexión

A veces me planteo que si hubiese nacido en la sociedad japonesa seguramente habría terminado por ser un hikikomori.

Rodeados de cómics, videojuegos y envases de sopa instantánea.
Así viven los hikikomori.
El fenómeno de los hikikomori consiste en jóvenes japoneses que se ven abrumados por la sociedad y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se les han asociado y recurren a un confinamiento total en su habitación que puede comprender meses e incluso años. La psicología occidental hablaría, en el caso de estos jóvenes, de fobia social, ansiedad social u otros desórdenes relacionados como la agorafobia, el trastorno de la personalidad por evitación o un caso extremo de timidez. No es que yo padezca ninguno de estos males, no se alarmen, me considero bastante tímido pero creo que con el tiempo he conseguido escalar poco a poco la montaña de la timidez y ahora mismo diría que incluso soy un tanto sociable. Sin embargo, la idea de sustraerse de la realidad y no tener que enfrentarse a cosas tales como el frío, el juego social, la rutina del trabajo y las obligaciones a veces me resulta peligrosamente tentadora.

Sé que son precisamente estas cosas las que te hacen sentir vivo: la interacción, el cumplimiento de las obligaciones y la sensación gratificante a posteriori de realización y superación personal (todo aquello de que el trabajo dignifica y el estudio ilumina bla, bla). Sin embargo, la perspectiva de meterse debajo de las sábanas, ver películas, dormir y volver a comenzar el ciclo se presenta como una alternativa muy fácil y apetecible.

Y todo este speech viene porque la semana que viene 1) tengo un cumpleaños y no sé qué regalo hacer y 2) tengo que preparar una clase universitaria para el martes y eso me intimida y da pereza a partes iguales. 

Ay, los hikikomoris. Es algo que me produce una fascinación malsana, como todo lo sórdido de esa sociedad de contrastes que es la sociedad japonesa: por un lado, una cultura de colores chillones, estridentes, tipografías llamativas, un imaginario cultural increíblemente vasto que va desde los dibujos de dragones, monjes y castillos en el cielo hasta el arte manga y su culto al concepto かわいい (kawaii: cute, adorable) con muñecos animaloides de piel de colores y ojos acuosos que decoran desde bolsos hasta obras de artistas de renombre como Takashi Murakami. La introducción de códigos y corrientes artísticas y audiovisuales diametralmente opuestos a los de Occidente que influyen como un soplo de aire fresco en el resto del mundo. Sus cánones estéticos, con mujeres con una actitud extremada y artificialmente infantil y recatada y hombres de imagen ambigua que llevan al límite el concepto que nosotros tenemos de metrosexual. Consumistas, adictos a los trends de la moda y con gusto exquisito por los detalles en sus productos. Son, además, fervientes apasionados del karaoke y los juegos recreativos. Caminar por cualquier ciudad grande de Japón bajo las luces de neón resplandecientes y con el sonido estridente de alguna pantalla gigante anunciando algún producto o lanzamiento musical es una estampa futurista y muy pop.

Por otro lado, una sociedad represiva en la que expresar sentimientos, opiniones y voluntades está mal visto, complicando el lenguaje social hasta límites laberínticos. Un sistema educativo y laboral cruel y exigente hasta el extremo. Una sociedad bastante clasista y machista. Una represión sexual flagrante de cara a la galería que soterra un mundo underground de fetiches sexuales bizarros e incomprensibles desde un punto de vista occidental. Un código moral cuestionable en el que niñas modelo (a menudo también cantantes y actrices) realizan photo books y lanzan deuvedés en ropa interior, en bikini y en actitud sugerente que son adquiridos por hombres de negocios entrados en años y las, hasta hace poco legales, máquinas expendedoras de ropa interior de colegialas, con foto de la susodicha y datos relevantes, desde un punto de vista japonés, como su grupo sanguíneo y sus medidas físicas son la otra cara de la moneda. 

Se trata de una sociedad absolutamente homogénea en la que, como se dice popularmente, el clavo que sobresale es el que recibe siempre los martillazos. Este sobresalir puede consistir en tener el pelo ligeramente rojizo (un porcentaje muy reducido de japoneses lo tiene), ser gordo, ser inteligente... Cualquier cosa que te diferencie de la masa te convertirá en objeto de las burlas más crueles. Estos hechos en conjunto hacen que los individuos vivan en un gran aislamiento. No olvidemos añadir que Japón es uno de los países con la tasa de suicidios más elevada del mundo.

La soledad y el vacío en una sociedad adinerada tan dada por otro lado a los códigos audiovisuales chillones y alegres, al consumo y al entretenimiento me ha parecido siempre una paradoja muy bonita e interesante de la que se han hecho eco películas como Lost In Translation, Babel o All About Lily Chou-Chou. Tres películas muy recomendables, por cierto.
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Una batalla está fraguándose



Hola, amigas. Como ya sabéis, este blog se actualiza de Pascuas a Ramos, y como Pascuas cae en abril este año y es cuando mi novio y algunos familiares vienen a visitarme, imagino que debemos de estar cerca de Ramos, que es una festividad que desconozco totalmente (y por lo tanto en desuso) ya que la Diosa ha querido inspirarme para que viniese a contaros cosas que seguramente resultarán de escasa relevancia para vosotros pero que para mí son vida pura.

Con respecto a mi vida en sí, la semana pasada cogí un resfriado bastante molesto del que estoy ya prácticamente recuperado, aunque mi nariz sigue siendo una refinery de productos mucosos la mayor parte del tiempo. El viernes fui a cenar a casa de mi nueva amiga en Monti y me sentí súper a gusto porque cenamos tortilla de patata y cebolla y luego vimos uno de los mejores realities americanos EVER, You're Cut Off (algo así como Te cierro el grifo), de VH1, que es un poco la cadena de las viejas glorias musicales en Estados Unidos. El resto del fin de semana lo pasé en modo asceta metido en casa y encamado la mayor parte del tiempo. Quería descansar y superar el resfriado.

Pero no he venido a hablaros de mi estado de salud, he venido a contaros que una batalla letal está fraguándose en el mundo del POP. 

Como todos ya sabéis, Britney Spears lanzó a principios de año su single Hold It Against Me, que resultó un bombazo pues se colocó directamente en el #1 de las listas iTunes de todo el mundo, consiguió ser #1 en varios países, rompiendo varios récords (algunos ridículos y otros importantes) e igualando a la inefable Mariah Carey al ser la segunda artista femenina en la historia que debuta en el #1 del billboard con más de un single. El single pasó a estar en boca de todo el mundo en el momento de su lanzamiento, sobre todo por el cambio de estilo, bastante maquinolo y por tener un bridge dubstep con ruidos muy raros mientras Britney gime. 

Britney había vuelto por la puerta grande y sus fans estaban alegres y contentos, parecía que la diva de Louisiana volvía a brillar con más fuerza que nunca y que podía hacer un comeback en condiciones, promocionando como una perra, bailando y volviendo a ser el personaje público que era antes de su breakdown y la época oscura (no me refiero a Blackout, cuando iba morena, sino a cuando estaba loca, con un sombrero de leopard print llorando con un perrito y un frappucino en la acera de una calle random de Los Ángeles, poco antes de raparse el pelo y creerse el Anticristo). El single no estaba teniendo ninguna promoción más que la que su propio éxito ha podido granjearle durante las siguientes semanas, ningún tipo de aparición pública de la cantante, el videoclip estaba empezando a grabarse, pese a ser con el genial director sueco Jonas Âkerlund y el efecto del single parecía desvanecerse rápidamente en todas las listas.

Recurrimos a Last.fm para que nos sirva de indicador de la popularidad del tema:

Primera semana:

Como podemos ver, Britney se colocó como la 3ª canción más escuchada de la semana en todo Last.fm, pero existe algo que nos llama la atención: el número de oyentes es bastante bajo con respecto al número de reproducciones que se hacen de su canción. Es decir, que los fans estaban escuchando el single masivamente, mientras que las canciones de Rihanna o Katy Perry eran escuchadas por un número mayor de personas pero en menor cantidad. Esto es normal, pues ellas dos tienen discos completos en el mercado mientras que de Britney lo que más se está escuchando con diferencia es una sola canción.


Ya en su segunda semana cae al #6 y en la tercera se precipita al #15 (sólo a 4 puestos de Lady Gaga con su Bad Romance, que aguanta estoicamente tras meses y meses en el #19). En la cuarta y última semana, Hold It Against Me sube un par de puestos, hasta el #13 y detrás de ella, Lady Gaga se encarama al puesto #18.

Está claro que Last.fm no es el único indicador que se debe tener en cuenta a la hora de valorar la popularidad de un lanzamiento, pero al menos me resulta bastante creíble para mostrar la popularidad de una canción en concreto, aunque no debemos olvidar que las listas de escuchas se pueden manipular fácilmente, borrando y vetando las canciones que escuchamos, si acudimos a Most Unwanted Scrobbles, la web filial de Last.fm que nos muestra las canciones que los usuarios más borran de sus escuchas, nos encontramos a Hold It Against Me en el puesto #29, mientras que parte de la discografía de Lady Gaga (incluido Bad Romance en el #2) se encuentra también por delante de esta posición.

Lo que estoy intentando introducir con este baile de cifras es el hecho de que el retorno de las dos más grandes starlets del pop del momento va a coincidir prácticamente y se va a librar una batalla como nunca antes se había visto. La sensación es la misma que cuando pasas por al lado de un accidente de tráfico y no quieres ver la sangre pero no puedes evitar mirar.

Lady Gaga empezó a escucharse de la mano de algunos modernuchis a principios del 2008, cuando aún no era nadie y estaba empezando a aparecer en los charts de los más adelantados en el pop. En un principio era una cantante más, con alguna canción chula producida por el productor de moda, RedOne y con un rollito interesante que aún no apuntaba a sus visos de esperpento, looks extra extravagantes y todo el imaginario visual que después muy sabiamente se ha sabido montar. En sus inicios estuvo a un paso de ser una Anastacia más (o cualquier diva one hit wonder al uso). Una rubia más en un mar de rubias. Pero fue muy lista y supo destacar, supo crearse una imagen original y se dejó la piel dándole a su público lo que quería: temazos, looks imposibles y videoclips que tenían a la gente entre boquiabierta y ojiplática. Supo y sabe vender muy bien su pescado, creando expectación a través de las redes sociales y con una imagen estrambótica cuidada al milímetro por un grupo de creadores y diseñadores que está detrás de ella llamado Haus of Gaga. Consiguió dar la campaná cuando ya casi nadie la sabe dar. Se mostró como más auténtica que las demás mojándose en temas de política, haciendo afirmaciones impactantes en una época en la que ya lo hemos visto todo y consiguió lanzar un disco a medio camino entre EP y reedición que resultó una joya y que se ganó instantáneamente a todos los mariquitas del planeta, y con ellos, al resto de la población.

Se podría decir que el gran logro de Lady Gaga (además de inventar el oxígeno) ha sido realmente tener el efecto de anillo único. Una cantante pop para aglutinarlos a todos: a los gays, a las pijas, a los indies, a los rockeros, a los fashionistas, a las amas de casa, a los mainstream... Ha logrado vender millones de discos en una época en la que la industria musical agoniza y los ídolos pop como tal ya no existen. Se vive de single en single y con cada lanzamiento hay que volver a ganarse al público y tener un éxito aún más rotundo que el anterior si se quiere sobrevivir. Otro de los fenómenos que ha cambiado es que los artistas de ahora lanzan cosas sin parar, twittean, hacen giras y lanzan vídeos y más vídeos para conseguir mantener la dispersa atención del público, y en esto Lady Gaga se ha sabido mantener en la cima, sin haberse dado desde su aparición y ascenso meteórico hacia la cima un minuto de descanso. Sabe que no hay tiempo que perder.

En este sentido es donde las dos divas pueden encontrar una de sus mayores divergencias. Britney, que no es ninguna debutante, ya tuvo ese ascenso y ya se mató a promocionar  sus primeros álbums: portada en todas las revistas, actuaciones en directo fuera y dentro de EEUU, giras, entrevistas. No quiero decir que ya no lo haga, con su último álbum, Circus, actuó en muchos programas de televisión con el primer single Womanizer, pero digamos que después se relajó un poco, aunque también es cierto que hizo una gira súper extensa que recorrió parte del mundo. Digamos que Britney es otra clase de estrella del pop, más a la antigua usanza. La hemos visto crecer y evolucionar de adolescente virginal a viborona, de viborona a mendiga loca y de mendiga a loca a madre con coleta. Ha vivido mucho en poco tiempo, a nivel personal y a día de hoy sigue teniendo tirón, pero se toma las cosas de una manera diferente a Lady Gaga. 

Sabe que tiene mucho hecho: tiene una legión de fans que siempre apoya sus lanzamientos, tiene un equipo que produce, escribe, arregla y retoca sus canciones y su voz. Un equipo de imagen, márketing y productores famosos que hace el trabajo detrás del telón mientras ella es la que se enfrenta al público, es la cara visible, pero tiene un carisma tan arrollador que no tiene que hacer mucho más, porque es una de esas personas que como dicen las marujas cuando hablan de Penélope Cruz, «tiene estrella». Después de haberse visto en el ojo del huracán debido a sus escándalos, parece claro que ha llegado a un punto en el que ha dicho «yo hago cierta promoción, pero también quiero vivir la vida», y esa vida consiste en cuidar de sus dos hijos, estar con su novio, hacerse una mani-pedi en Palm Springs, tomarse un frappucino de vainilla... A veces pienso que ya no tiene ese fuego que hace que Lady Gaga se desgañite en escenarios y rompa botellas y se derrame sangre de cabra en los MTV EMA. Pero es sólo que Britney sabe que tampoco lo necesita para tener éxito.

Su gran fallo y a la vez parte de lo que cimenta su leyenda es el eterno playback. Britney ha cantado toda su vida, ya de pequeña participó en varios concursos de talentos y acudía a fiestas a cantar. Se presentó a cástings (y aquí me estoy poniendo en plan Belieber -Justin Bieber era un chico que amaba la música-) porque era su talento. Pero a partir de cierto punto en su carrera no ha hecho más que mover la boca, bailar y actuar de manera sexy en el escenario. ¿Ha perdido la voz a medida que se ha desarrollado? ¿Es culpa del tabaco? Lo cierto es que nunca más lo ha intentado, y eso resulta bastante decepcionante viendo como el resto de starlets lo hace mejor o peor, pero al menos lo intenta. El hecho es que aún así, moviendo los dedos poquito, la chica consigue tener éxito y seguimiento. 

Son las dos caras de una moneda: Lady Gaga sabe manejar sus redes sociales para crear la expectativa: multitud de tweets desvelando poco a poco novedades, eslógans supuestamente poderosos que no dicen nada pero que sus fans enarbolan como si fuesen la verdad más absoluta, tours extensos por todo el mundo, cantando, bailando y gritando, cuentas atrás en webs y apariciones con looks que a todo el mundo llaman la atención. Britney Spears en periodo de no promoción (durante casi todo el 2010) apenas utiliza su cuenta de twitter (su manager escribe cosas en él), los mensajes que escribe son generalmente breves y cotidianos (películas que ha visto, cosas que ha hecho con sus hijos, preguntas generales a sus fans -acto de presencia-), y aunque hace tours mundiales, al igual que Lady Gaga, sus apariciones públicas son mucho más escasas y desde hace años son bastante discretas: está guapa en las galas, pero no lleva vestidos estrafalarios.

Es curioso el hecho de que ambas divas hayan sido en algún momento el usuario más seguido de Twitter a nivel mundial. Britney le arrebató el primer puesto a Ashton Kutcher hará un par de años, y después Lady Gaga subió a la cima, mofándose con un vídeo en el que se autocoronaba reina de Twitter. En los últimos tiempos Justin Bieber las ha separado colocándose en la segunda posición.


El hecho de que dos lanzamientos de estas características coincidan es muy interesante, porque puede darnos a dos grandes estrellas dando lo mejor de ellas mismas. Los fans ya se están posicionando: FEMME FATALE, nombre del futuro disco de la de Louisiana lleva siendo Trending Topic en Twitter casi una semana y ya se ha colado como 12º TT más largo de la historia y sigue subiendo. Los fans de la Gaga, por su parte, consiguieron hacer #thankgodforgaga uno de los temas del día y ella, encantada les dijo que si querían que se filtrase la letra de su nueva y muy esperada canción Born This Way, tenían que hacer que el hashtag #leakitgaga fuese TT y el resultado no se hizo esperar. Ahora mismo, en la lista de TT podemos encontrar FEMME FATALE y dos puestos por debajo BornThisWayFriday, en referencia al estreno mundial del single de la Germanotta, que será este viernes.

Algunos fans de Britney, en un giro inaudito que si lo extrapolásemos a la política internacional tendría una relevancia histórica, se han aliado con los fans de su archienemiga más acérrima, Christina Aguilera, para apoyarse mutuamente en esta guerra, creando un armisticio que consiste en apoyar conjuntamente los TT FEMME FATALE y WeSupportXtina, por el bien común. Esto es como si España y Francia se aliaran para luchar contra Reino Unido (aunque todos sabemos que Christina es más bien Portugal...)


Born This Way será el próximo single de Lady Gaga y la tarjeta de presentación del álbum del mismo nombre, que será el segundo (o tercero, según se mire) de la italoamericana. Es un tema del que se ha hablado hasta la saciedad sin haberse escuchado aún, a través de filtraciones de Lady Gaga (trozos a capella cantados en entregas de premios, la aparición de la letra en la red, imágenes promocionales). La letra resultó un poco decepcionante pues bebe de lo que la Gaga ha estado bebiendo en exceso desde su aparición, del mariliendrismo y del mensaje «gays, sois guays aunque os digan lo contrario, yo os apoyo», extensible a todos los outcasts de la sociedad, porque otra cosa de la que se vanagloria Lady Gaga, además de ser portavoz de los derechos LGBT, es de haber sido una marginada en el instituto. Esto ha sido negado y puesto en duda por antiguos compañeros de clase, pero ha sido un gran aliciente para todos aquellos que se sienten o se quieren sentir bichos raros o diferentes, al ver en ella a un ídolo con el que sentirse identificados. Difícil tiene el estar a la altura con este single y su futuro álbum, pues el listón que dejó con The Fame Monster está altísimo, a nivel estético y musical.

Britney tiene a su favor que el boom, efímero pero boom ya lo ha conseguido, y que ahora queda lo más esperado: por un lado, el videoclip de Hold It Against Me, del que llevamos 5 días viendo teasers y promete mucho y el lanzamiento y posterior promoción de su álbum Femme Fatale, del que se están últimando las últimas grabaciones y decidiendo qué canciones entran y cuáles no en el tracklist final.

El álbum de la Gaga, que ella prometió que sería «el mejor disco de la década» y una especie de «himno para la próxima generación» se lanzará bastante después, en mayo, y de momento la promoción empezará con Born This Way, canción cuyo vídeo se grabó en 3 días a finales de enero y que también fue dirigido por Jonas Akerlund pero que aún no se sabe cuándo se podrá ver.

Ahora solo queda ver cómo se desarrolla esta pelea de gatas y si hay sangre o no.

Fechas relevantes del enfrentamiento:

11 febrero (viernes): première de Born This Way (la canción)
13 febrero (domingo): sale a la venta Born This Way (single)
17 febrero (jueves): première del vídeo de Hold It Against Me
14 marzo (lunes): sale a la venta Femme Fatale en Europa (álbum)
29 marzo (martes): sale a la venta Femme Fatale en EEUU (álbum)
23 mayo (lunes): sale a la venta Born This Way (álbum)

Y vosotros, ¿de qué lado estáis?


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«Han hecho de mi vida un continuo striptease»

Hace aproximadamente 6 décadas que no actualizo en el blog y me siento en deuda con la sociedad, así que voy a retormarlo un poco, que me siento in the mood.

A veces simplemente me gusta sentarme en algún café frente a una taza de Earl Grey
y reflexionar acerca de la insoportable levedad del ser.

Retomando un poco la situación, había llegado a Montreal y estaba ligeramente deprimido con la idea de seguir con mi vida aquí, alejado de mi novio y amigos y de vuelta a la rutina de mi trabajo. Los primeros días fueron duros, me sentí solo y ninguneado en el trabajo. Lo cierto es que aquí los auxiliares (que al fin y al cabo, no dejamos de ser becarios) somos el último mono. Los primeros días me sentí como si fuera invisible, no sólo no me pedían mi opinión para dudas que aparecían en momentos puntuales sino que, por ejemplo, en una libreta interna, un compañero se dirigía en el saludo a los otros dos miembros del centro, obviándome por completo. Son pequeños detalles que realmente no tienen la importancia que yo les di, pero uno se sentía sensible y arrancado de su mundo tras el paréntesis navideño que supuso la vuelta a casa.

El caso es que a partir de las primeras semanas, las cosas comenzaron a mejorar. En la oficina cambiaron los ordenadores por otros que funcionaban, así que en los momentos de inactividad puedo conectarme a mis redes sociales y ver qué se cuece. Por otra parte, he vuelto a la rutina y el trabajo y varios proyectos me mantienen ocupado, al menos mentalmente. Me explico: quiero ir al gimnasio, pero estuve hablando con una compañera que se ha hecho el tour para ver precios y características y el que no te clava (todos) por no ser estudiante ni personal de la uni, está a dos autobuses y un rato a pata de distancia o es cutrón... Unos dramas absolutos, mientras que mi novio y amigos around the world parecen haber entrado en una fiebre colectiva por conseguir el cuerpo perfecto, que me parece muy bien, pero me muero de envidia frente a mis carnes no prietas en el espejo. Mi otro proyecto es el de las clases de francés a las que quiero apuntarme, ya sé más o menos dónde son y el precio está muy bien. El problema es la eterna lucha interna: entre tiempo libre/perreo y las horas que le dedico a mi trabajo, ¿dónde caben el gym y el francés?

Ciclotímica, vulnerable y tierna. Las mil caras de la vedette.

En el trabajo todo sigue igual: a veces más ocupado, a veces menos. Los talleres son una fuente de estrés, superación personal, aprendizaje y sensación gratificante. Hay alumnos rancios y alumnos súper entrañables. Hoy, sin ir más lejos, una señora secota, jubilada como el 90% de ellos, con el pelo gris y que dedica su vida a meditar y a leer bajo una lámpara que le nutre con la vitamina D que el ausente sol de Montreal no le da, me ha preguntado, en mitad de la clase: «Y tú, ¿qué haces aquí?», a sabiendas de que mis pocas clases como profesor de los talleres no pueden ser un motivo ni una razón únicas por las que una persona esté tan lejos de su casa. Les he explicado mis motivos y mis tareas dentro y fuera del departamento y parece que les he convencido. A veces creo que algunos sospechan y les nace la malicia dentro, pues intuyen que mi francés es bastante pobre y en mi universidad es requisito ser francohablante para trabajar en ella. Fascismos o discriminaciones positivas del lenguaje, que en Quebec abundan y en mi opinión muchas veces no hacen más que separar a la gente con esnobismos como «los anglófonos son tontos/no nos gustan/no nos caen bien». 

Que muchos sean cerriles y tengan complejo de monolingües no lo niego. Y que bien cierto es que los anglófonos, en su mayoría, pretenden de manera arrogante que todo el mundo les entienda con su inglés sin mover un dedo ellos por la coexistencia lingüística, también, pero existe mucha prohibición absurda, como en algunos centros de trabajo, donde la gente está obligada a hablar en francés, no ya de cara al público, sino entre ellos. ¡PERO BUENO! ¿Quién es nadie para decirle a otra persona en qué idioma tienen que hablar dos personas entre ellas? ¿Resulta que ahora tengo que hablar yo con otros profesores de español en francés por ley? Bueno, por suerte aún no ha venido nadie con esas imposiciones a mi centro de trabajo, pero las he visto similares. Mi jefe lo apoya y considera que es un milagro que 7 millones de francófonos hayan conseguido preservar su lengua entre miles de millones de anglohablantes. En parte tiene razón, pero yo no considero que el francés esté tan en peligro como él lo pinta. Aunque por otra parte conozco gente que hace una vida totalmente normal en Montreal sin saber ni papa de francés. Están las dos típicas caras de la moneda, en España pasa igual. También están aquí los que opinan que como parte de Canadá, deben tener derecho a expresarse en inglés y que no debe haber tanta persecución. Y en medio la gente, junta pero separada por la barrera del idioma.
DISCO INFERNO

Con respecto a mi vida social, las cosas empiezan a mejorar. Hace poco conocí a una chica súper maja a través del last.fm, mientras estaba mirando los asistentes al concierto de Robyn en la sala Metropolis el próximo 27 de enero. Me extrañó mucho ver a alguien con una música tan guay (no sólo Robyn, tenía el tipo de música que yo envidio por su coherencia, todo tan indie electrónico, tan intelectual, tan refinado) y no dudé en mandarle un mensaje. Esta chica promete ser la revelación de la temporada final de wherethewildcuquisare. Ya veremos si no se queda todo en agua de borrajas después. Ahora tengo varios proyectos en mente que me emocionan: cena el viernes con posible ronda de videojuegos posterior (esta chica tiene muchísimas video consolas [se dedica al testeo y a la traducción puntual de videojuegos. EMOCIONANTE]), IglooFest el sábado 22 (será la noche más fría hasta la fecha de mi estancia en Montreal, los termómetros auguran -28ºC de sensación, Nota mental: habrá que beber bastante), concierto de Robyn el 27, Carnaval de Invierno en Quebec, trabajo, gym y francés, llegada de JC hacia pascua con concierto de Kylie (la Gaga actúa 2 o tres días antes, pero mi amigo Philippe dice que las entradas van a ser imposibles de conseguir, porque se agotaron a las horas de salir. Bueno, digo yo, nunca subestimemos el poder de la reventa, que yo el día anterior al concierto de la Gaga estaba arrastrándome por Internet para revender la mía a precio de coste). Todo está en el aire. Pero me emociona.

La vida en Monti me emociona.


Nota: el título viene de una entrevista a The Legendary Miss Anita Obregón en El mundo en 2003. Clic aquí para una buena dosis de la protagonista de Ellas y el sexo débil.
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Unas 11 horas de vuelo y tres escalas después...

He vuelto a Montreal. Estoy absolutamente muerto, aunque no tengo mucho sueño. Me reafirmo en lo aburridos que son los vuelos largos cuando estás solo. Desde que me he despedido de mi madre y de JC esta mañana en Valencia ha habido varios momentos crisis.

El primero de ellos ha llegado cuando, en la cola de facturación en barajas, una miembra de Continental Airlines me ha dicho que para poner los pies en EEUU y hacer el transbordo que tenía que hacer en Newark, NJ necesitaba una autorización llamada ESTA (lol) que se obtiene a través de Internet rellenando un formulario y previo pago, claro. Sin dejar que cundiese el pánico le he preguntado dónde podía conectarme a Internet para hacerlo y se ha puesto a pensar y ha dicho «A ver... puedes ir al Corte Inglés. Ah, no, que hoy está cerrado» y yo pensando que qué locura, que cómo me iba a ir yo a buscar un Corte Inglés en Madrid, con lo grande que es, teniendo el vuelo en un par de horas. Finalmente me ha indicado una modernité de máquinas que en realidad estaban por todas partes que eran una especie de cabinas de Internet, que estoy seguro que el lumbreras que las ideó, probablemente en alguna cabina prefabricada de alguna oficina de Movistar en el mundo, se creyó el Alexander Graham Bell de la nueva era. 

Estas máquinas, por descontado, estaban todas rotas o no cogían mi dinero (he tenido que ir a una oficina de cambio de moneda para que me diesen monedas porque tenía billetacos pero no dinero cash. Unos dramas) y cuando finalmente una se ha tragado mi moneda, la muy maldita no me abría la web y funcionaba con velocidad pleistocénica. Mi madre ha llegado a casa y ha apagado el móvil para dormir sin que la molestasen, con lo cual estaba incomunicable. Finalmente, JC, ese héroe moderno, me ha salvado la vida, guiándole por Internet, mientras hacía voz de dormido.

Tras la debacle de las 8 horas 45 min del trayecto Madrid - Newark (he empezado a ver La red social, pero no entendía nada con mis casquitos, ni siquiera en español latino, y no había opción subtítulos, así que finalmente he optado por leer y dormir la mayor parte del trayecto), he pasado por inmigración, el momento más temido y una vez he llegado a la cinta para recoger las maletas he pensado «Voy a llamar a mi madre para decirle que ya estoy aquí y bla bla». Ha salido la maleta y la he cogido y he llegado hasta otra puerta que también estaba vigilada y uno de los de seguridad me ha dicho que no con un gesto y en seguida he entendido que no debía estar hablando por teléfono allí. Me he despedido rápidamente y he apagado el móvil. Cuando he llegado a la altura de los vigilantes, el que me ha recogido un papelito que te dan en el avión, en el que indicas cuántos viajáis, para qué vas a su bendito país, si eres un contrabandista de licor, cigarrillos y carne, un maleante o si has estado en una granja hace poco (!!!) me ha mirado muy seriamente y me ha dicho lo siguiente "If I see you again using your cell phone, I'm gonna make you wait here for three hours, you'll lose your flight and we'll make your life a living hell".


Así me he quedado yo, flipando en colores. He dicho un Okay con la boquita pequeña y he seguido andando, pero me ha dado mucha rabia y no he podido parar de pensar en ello. Me sentía amenazado y despreciado. Estaba hablando con mi madre al llegar a un país extranjero sin saber que en esa zona, ya pasada la aduana y con mi maleta en la mano no se podía usar el móvil, no soy un puto terrorista. ¿De verdad tienen derecho a hablarme así? Me ha indignado hasta tal punto que quería poner una queja en algún lugar, pero bueno, sé que habría caído en saco roto. Era yo el que estaba cometiendo una infracción, y él hacía su trabajo. Si ellos tienen la premisa de meter miedo en el cuerpo, para que las posibles amenzas (al fin y al cabo CLIENTES que pagan su sueldo y a muy buen precio) sientan que son mierda que entra en su maravilloso, glorioso, esplendoroso país que todos los que no han nacido allí quieren bombardear porque son gentuza y comunistas y paganos y maleantes...

Encontrarme con un impresentable de esa calaña no ayuda a mejorar la sensación de desazón que tenía ya de por sí con la idea de volverme. Han sido unos días maravillosos en casa, con todos mis amigos, familia, etc. Ha sido breve pero muy agradable y la verdad es que se me hacía muy cuesta arriba volver. Estoy bastante pesimista y desanimado con respecto a los seis meses que me quedan en Montreal. Hace frío, tengo que trabajar, estoy solo... Venía desde la estación de metro arrastrando los pies y la maleta, mirando al suelo en vez de al lugar que dejé hace unas semanas. Quizá sólo sea el cansancio.