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Mire ♥

No sabes cuánto te adoro.

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Finalmente no hemos podido hacer una barbacoa/evento para engañarnos y creer que la primavera ya casi está aquí esta tarde como era el plan inicial. Resulta que en el Marché Richelieu no les quedaba carbón, así que finalmente nos hemos preparado unos filetitos a la plancha con setas, espárragos trigueros, mazorcas de maíz y patatas al horno con pimentón. Es la vez que mejor he comido desde que estoy en Montreal, and I'm not even kidding.

Después, sesión de The Bad Girls Club, High Society y The Real Housewives of Miami. Si un día me pongo a trabajar para una empresa de traducción audiovisual no podrán decir que me falta bagaje, al menos como espectador. Cómo me gustaría que en la empresa en la que hice las prácticas me hubiesen encargado traducir alguno de estos realities llenos de sistas que se pasan el día con el bitch en la boca y con los labios pixelados para que no se puedan leer las palabrotas que sueltan. Tiene que ser una labor bastante ardua encajar los <PITIDO> en la traducción.

A partir de mañana tengo tres objetivos:

  1. Informarme de una <PITIDO> vez de las clases de francés que se imparten en el centro de lenguas o en cualquier otro sitio compatible con mis horarios.
  2. Preparar el planning para la inminente visita (¡queda un mes!) de JC, mi madre y mis tías.
  3. Establecer un plan de acción con respecto a la idea de buscar trabajo y un futuro a corto plazo en Montreal. La hora de volver a casa se aproxima y tengo que informarme y atar bien todos los posibles cabos, tanto para mí como para JC si queremos hacer que esto sea una realidad.
Si alguien me puede decir qué pinta esa chaqueta denim
al fondo le estaría muy agradecido.


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Unas 11 horas de vuelo y tres escalas después...

He vuelto a Montreal. Estoy absolutamente muerto, aunque no tengo mucho sueño. Me reafirmo en lo aburridos que son los vuelos largos cuando estás solo. Desde que me he despedido de mi madre y de JC esta mañana en Valencia ha habido varios momentos crisis.

El primero de ellos ha llegado cuando, en la cola de facturación en barajas, una miembra de Continental Airlines me ha dicho que para poner los pies en EEUU y hacer el transbordo que tenía que hacer en Newark, NJ necesitaba una autorización llamada ESTA (lol) que se obtiene a través de Internet rellenando un formulario y previo pago, claro. Sin dejar que cundiese el pánico le he preguntado dónde podía conectarme a Internet para hacerlo y se ha puesto a pensar y ha dicho «A ver... puedes ir al Corte Inglés. Ah, no, que hoy está cerrado» y yo pensando que qué locura, que cómo me iba a ir yo a buscar un Corte Inglés en Madrid, con lo grande que es, teniendo el vuelo en un par de horas. Finalmente me ha indicado una modernité de máquinas que en realidad estaban por todas partes que eran una especie de cabinas de Internet, que estoy seguro que el lumbreras que las ideó, probablemente en alguna cabina prefabricada de alguna oficina de Movistar en el mundo, se creyó el Alexander Graham Bell de la nueva era. 

Estas máquinas, por descontado, estaban todas rotas o no cogían mi dinero (he tenido que ir a una oficina de cambio de moneda para que me diesen monedas porque tenía billetacos pero no dinero cash. Unos dramas) y cuando finalmente una se ha tragado mi moneda, la muy maldita no me abría la web y funcionaba con velocidad pleistocénica. Mi madre ha llegado a casa y ha apagado el móvil para dormir sin que la molestasen, con lo cual estaba incomunicable. Finalmente, JC, ese héroe moderno, me ha salvado la vida, guiándole por Internet, mientras hacía voz de dormido.

Tras la debacle de las 8 horas 45 min del trayecto Madrid - Newark (he empezado a ver La red social, pero no entendía nada con mis casquitos, ni siquiera en español latino, y no había opción subtítulos, así que finalmente he optado por leer y dormir la mayor parte del trayecto), he pasado por inmigración, el momento más temido y una vez he llegado a la cinta para recoger las maletas he pensado «Voy a llamar a mi madre para decirle que ya estoy aquí y bla bla». Ha salido la maleta y la he cogido y he llegado hasta otra puerta que también estaba vigilada y uno de los de seguridad me ha dicho que no con un gesto y en seguida he entendido que no debía estar hablando por teléfono allí. Me he despedido rápidamente y he apagado el móvil. Cuando he llegado a la altura de los vigilantes, el que me ha recogido un papelito que te dan en el avión, en el que indicas cuántos viajáis, para qué vas a su bendito país, si eres un contrabandista de licor, cigarrillos y carne, un maleante o si has estado en una granja hace poco (!!!) me ha mirado muy seriamente y me ha dicho lo siguiente "If I see you again using your cell phone, I'm gonna make you wait here for three hours, you'll lose your flight and we'll make your life a living hell".


Así me he quedado yo, flipando en colores. He dicho un Okay con la boquita pequeña y he seguido andando, pero me ha dado mucha rabia y no he podido parar de pensar en ello. Me sentía amenazado y despreciado. Estaba hablando con mi madre al llegar a un país extranjero sin saber que en esa zona, ya pasada la aduana y con mi maleta en la mano no se podía usar el móvil, no soy un puto terrorista. ¿De verdad tienen derecho a hablarme así? Me ha indignado hasta tal punto que quería poner una queja en algún lugar, pero bueno, sé que habría caído en saco roto. Era yo el que estaba cometiendo una infracción, y él hacía su trabajo. Si ellos tienen la premisa de meter miedo en el cuerpo, para que las posibles amenzas (al fin y al cabo CLIENTES que pagan su sueldo y a muy buen precio) sientan que son mierda que entra en su maravilloso, glorioso, esplendoroso país que todos los que no han nacido allí quieren bombardear porque son gentuza y comunistas y paganos y maleantes...

Encontrarme con un impresentable de esa calaña no ayuda a mejorar la sensación de desazón que tenía ya de por sí con la idea de volverme. Han sido unos días maravillosos en casa, con todos mis amigos, familia, etc. Ha sido breve pero muy agradable y la verdad es que se me hacía muy cuesta arriba volver. Estoy bastante pesimista y desanimado con respecto a los seis meses que me quedan en Montreal. Hace frío, tengo que trabajar, estoy solo... Venía desde la estación de metro arrastrando los pies y la maleta, mirando al suelo en vez de al lugar que dejé hace unas semanas. Quizá sólo sea el cansancio.
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Llegada a Montreal

O Monti, como llamo yo cariñosamente a esta ciudad llamada a ser mi hogar durante los próximos 8 meses.
Empiezo a trabajar el 1 de octubre (dentro de dos días), chapurreo el idioma pero no lo domino y NO TENGO PISO. 


Antes de llegar pasé un par de tardes enviando e-mails a varias ofertas de pisos que encontré por Internet, pero ningún casero tuvo la bondad de molestarse en responderme. Ahora mismo me hospedo en la zona de Laurier, en el piso de un amigo de mi contacto en Canadá, que a la sazón me parece que va a ser mi superior y quien vino a recogerme ayer al aeropuerto. La llegada hasta la casa del susodicho amigo fue una odisea de autobuses y metros repletos de gente, cargado con dos maletas de 20 kgs, una mochila que podía ser pasto de los carteristas y la bolsa del ordenador colgando al hombro.


Salimos de la estación en el número 400 de la calle y teníamos que llegar al 147. Las calles en Montreal tienen la peculiaridad de estar numeradas a partir del cruce con una de las arterias/avenidas principales, con lo cual, a partir de esa calle los números empiezan a contarse, a derecha, 1 W (1 Oeste) y a izquierda 1 E (1 Este). Esta explicación viene a colación puesto que cuando llegamos a una calle principal nos dimos cuenta de que aún teníamos que andar del 1 al 147 en la otra dirección.


El tiempo en Canadá es generalmente más fresco que en España, y normalmente gélido en comparación, pero ayer los astros se habían alineado para que Montreal me recibiese con un día resplandeciente y estival, trayendo como consecuencia que el tortuoso trayecto desde el aeropuerto hacia el piso donde me iba a hospedar hasta nuevo aviso me hizo sudar como un animal de granja.


Resulta que el piso este había aparecido de la nada y por arte de birlibirloque como un rayito de sol cuando, desesperanzado, le pregunté a mi contacto aquí si conocía de alguien que estuviese buscando compañeros de piso. El piso en sí está sito en Laurier, una zona bastante buena y cercana al centro que yo había fijado como uno de mis objetivos a la hora de buscar piso. Al llegar se descubrió el pastel, el amigo de mi contacto era sólo uno más de tantos otros compis en el piso, y la que llevaba el cetro de poder era una canadiense de un nombre un tanto peculiar que ya había estado enseñándole MI HABITACIÓN la habitación disponible a gente que se había puesto en contacto con ellos a través de un anuncio. Habían llegado para verla unas 8 personas durante el día anterior y algunas más ayer. Así que no iba a ser coser y cantar, era en realidad un cásting y yo me sentía como el huésped temporal hispanohablante al que ni tenían en mente a la hora de las deliberaciones.


Hoy, el otro hispanohablante de la casa me ha confirmado mis peores sospechas «Anoche, mientras dormías» (célebre película de Sandra Bullock, SaBu para los amigos, una de las musas de Servidor, y por lo tanto, de este blog) «vino a ver la habitación una chica francesa, estuvimos tomando cerveza con ella y lo más seguro es que se quede ella». Mi gozo en un pozo. La casa no era exáctamente perfecta (tiene un pasillo kilométrico que atraviesa toda la casa, las puertas se encajan y hay que empujarlas con gran estruendo), pero la zona sí, y los compañeros son amables. Tendré que seguir buscando.


Me siento al borde de la indigencia.


PAUSA DRAMÁTICA.


Hoy, el chico hispanohablante me ha llevado a dar un paseo exprés por el barrio. Todas las calles y avenidas tienen nombre de santo (a saber: Saint Christophe, Saint Joseph, Sainte Cathérine, Saint Denis, Saint Laurent) con lo cual es absolutamente imposible 1º acordarse de los nombres de las calles 2º hacerse cualquier tipo de esquema mental y ubicarse). Me ha llevado a un súper llamado PA (¿dónde están los nombres entrañables tipo Mercadona, Consum, Más y más, Día, etc?).


En un intento por congraciarme con él (después del jarro de agua fría que ha supuesto el hecho de que dentro de dos días me ponen de patitas en la calle) le he preguntado de qué parte de Perú era y él me ha respondido que era colombiano. ZASCA. He intentado arreglarlo diciendo que qué tonto, que juraría que mi contacto me había dicho que era de Perú, y acto seguido le he llamado por otro nombre que no era el suyo. Un asco de vida en toda regla. Bueno, al menos lo he intentado. El súper, muy mundando, no me ha llamado la atención especialmente.


♪♫☺  ¡Qué cuqui y floral, la bandera de Montreal!  ♪♫☺