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Montgomery Quema

No sé dónde nos quedamos la última vez, antes de que ese terremoto y tsunami llamado Britney invadiese mi blog (¿qué pensáis del uso de la palabra bitácora? A mí me suena bastante repelente), pero he pensado que sería buena idea recapitular mis últimas andanzas por la segunda ciudad francófona más poblada del mundo.

El jueves quedé con mi amigo de Vancouver pero con raíces honkonguesas y estuvimos bebiendo y viendo America's Next Top Model. Todo un plan. Después llegaron un par de amigos de él y estuvimos bailando y dándolo tutto en el salón de su casa, una típica casa de estudiante canadiense con bien de mugrecilla por los rincones, pero decorada aún con las fotos de la última fiesta temática, una fiesta inspirada en las chongas y los cholos, que son a los estadounidenses de origen hispanoamericano lo que los guidos y las guidettes a los de origen italoamericano. La decoración era bastante curiosa, compuesta en su mayoría de cosas cogidas de la calle, figuritas rándom, un póster de alguna película de serie B, uno de Andy Warhol y otro de Fefe Dobson (cantante canadiense) con besos plantados con lipstick por vete tú a saber quién. Una de las cosas que más me llamó la atención es que la pared que veías nada más entrar estaba cubierta de dibujos de aspecto naif, como los que se pueden encontrar en una consulta de pediatría, pero todos con una temática común: Ke$ha.

BTW, en la cocina de la casa había un par de fotos y yo inmediatamente identifiqué una de ellas como ¡Ana Frank! pero mi amigo se quedó un poco muerto porque aparentemente se trataba de la princesa Diana de joven y no de la judía escritora del diario más famoso ever (con permiso del de Patricia Gaztañaga). Me dijo "That's so offensive!", pero creo que lo hizo con humor, porque yo enrojecí un poco ante mi metedura de pata. Creo que tiene un humor parecido al mío y al de mis queridos hamijos españoles a los que echo de menos oruweis.

Luego quedé con Mireia et al y nos fuimos a ¿ver? ¿oír? pinchar a un artista electrónico que se hace llamar Totally Enormous Extinct Dinosaurs. Muy modernuchi. El tipo salió con un gran tocado de plumas a lo indio cherokee pero mucho más grande y de color verde, quizá en honor a San Patricio. Me lo pasé muy bien.

Ayer por la noche, en cambio, fue un poco meh, fuimos a una fiesta de sordidez en una discoteca y mientras mi acompañante disfrutaba de las mieles dulces de la boca de algún maromo tuve un momento muy Bridget Jones y me senté en una silla, bastante sobrio y sereno, a simplemente contemplar a la gente. Luego me autocompadecí y me fui a bailar entre la multitud. Más tarde se mascó la tragedia cuando apareció un tipo muy raruno que me presentaron en otra fiesta anterior y no dejaba de mirarme, quieto, fuese a donde fuese. Luego, estando cerca de él, me habló, pero no entendía nada por el ruido estruendoso de los altavoces. Me pidió el número y me dijo no sé qué cosa acerca de que me mandaría un mensaje y que yo le mandase otro. No lo hice, evidentemente. Después, se me volvió a acercar por detrás  me dio un golpe (flojo) en la espalda, pero que no me hizo ninguna gracia y le dije que qué hacía, con la ceja en ristre. En ese momento, una chica bailonga y borracha se comió el suelo a mi lado y aprovechando la confusión, le solté al tipo "I have a boyfriend" y me fui corriendo.

Y así me he levantado, de una noche plagada de sueños muy raros, como que unos amigos grababan un vídeo pseudo porno y nos etiquetaban, además de a ellos mismos y a otras personas a mí y a mi padre en él en facebook y yo me moría de vergüenza y les decía que borraran eso y me preguntaba si mi pobre progenitor lo habría visto. Y eso que mi padre no tiene facebook.

#Unosdramas



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Domingo de reflexión

A veces me planteo que si hubiese nacido en la sociedad japonesa seguramente habría terminado por ser un hikikomori.

Rodeados de cómics, videojuegos y envases de sopa instantánea.
Así viven los hikikomori.
El fenómeno de los hikikomori consiste en jóvenes japoneses que se ven abrumados por la sociedad y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se les han asociado y recurren a un confinamiento total en su habitación que puede comprender meses e incluso años. La psicología occidental hablaría, en el caso de estos jóvenes, de fobia social, ansiedad social u otros desórdenes relacionados como la agorafobia, el trastorno de la personalidad por evitación o un caso extremo de timidez. No es que yo padezca ninguno de estos males, no se alarmen, me considero bastante tímido pero creo que con el tiempo he conseguido escalar poco a poco la montaña de la timidez y ahora mismo diría que incluso soy un tanto sociable. Sin embargo, la idea de sustraerse de la realidad y no tener que enfrentarse a cosas tales como el frío, el juego social, la rutina del trabajo y las obligaciones a veces me resulta peligrosamente tentadora.

Sé que son precisamente estas cosas las que te hacen sentir vivo: la interacción, el cumplimiento de las obligaciones y la sensación gratificante a posteriori de realización y superación personal (todo aquello de que el trabajo dignifica y el estudio ilumina bla, bla). Sin embargo, la perspectiva de meterse debajo de las sábanas, ver películas, dormir y volver a comenzar el ciclo se presenta como una alternativa muy fácil y apetecible.

Y todo este speech viene porque la semana que viene 1) tengo un cumpleaños y no sé qué regalo hacer y 2) tengo que preparar una clase universitaria para el martes y eso me intimida y da pereza a partes iguales. 

Ay, los hikikomoris. Es algo que me produce una fascinación malsana, como todo lo sórdido de esa sociedad de contrastes que es la sociedad japonesa: por un lado, una cultura de colores chillones, estridentes, tipografías llamativas, un imaginario cultural increíblemente vasto que va desde los dibujos de dragones, monjes y castillos en el cielo hasta el arte manga y su culto al concepto かわいい (kawaii: cute, adorable) con muñecos animaloides de piel de colores y ojos acuosos que decoran desde bolsos hasta obras de artistas de renombre como Takashi Murakami. La introducción de códigos y corrientes artísticas y audiovisuales diametralmente opuestos a los de Occidente que influyen como un soplo de aire fresco en el resto del mundo. Sus cánones estéticos, con mujeres con una actitud extremada y artificialmente infantil y recatada y hombres de imagen ambigua que llevan al límite el concepto que nosotros tenemos de metrosexual. Consumistas, adictos a los trends de la moda y con gusto exquisito por los detalles en sus productos. Son, además, fervientes apasionados del karaoke y los juegos recreativos. Caminar por cualquier ciudad grande de Japón bajo las luces de neón resplandecientes y con el sonido estridente de alguna pantalla gigante anunciando algún producto o lanzamiento musical es una estampa futurista y muy pop.

Por otro lado, una sociedad represiva en la que expresar sentimientos, opiniones y voluntades está mal visto, complicando el lenguaje social hasta límites laberínticos. Un sistema educativo y laboral cruel y exigente hasta el extremo. Una sociedad bastante clasista y machista. Una represión sexual flagrante de cara a la galería que soterra un mundo underground de fetiches sexuales bizarros e incomprensibles desde un punto de vista occidental. Un código moral cuestionable en el que niñas modelo (a menudo también cantantes y actrices) realizan photo books y lanzan deuvedés en ropa interior, en bikini y en actitud sugerente que son adquiridos por hombres de negocios entrados en años y las, hasta hace poco legales, máquinas expendedoras de ropa interior de colegialas, con foto de la susodicha y datos relevantes, desde un punto de vista japonés, como su grupo sanguíneo y sus medidas físicas son la otra cara de la moneda. 

Se trata de una sociedad absolutamente homogénea en la que, como se dice popularmente, el clavo que sobresale es el que recibe siempre los martillazos. Este sobresalir puede consistir en tener el pelo ligeramente rojizo (un porcentaje muy reducido de japoneses lo tiene), ser gordo, ser inteligente... Cualquier cosa que te diferencie de la masa te convertirá en objeto de las burlas más crueles. Estos hechos en conjunto hacen que los individuos vivan en un gran aislamiento. No olvidemos añadir que Japón es uno de los países con la tasa de suicidios más elevada del mundo.

La soledad y el vacío en una sociedad adinerada tan dada por otro lado a los códigos audiovisuales chillones y alegres, al consumo y al entretenimiento me ha parecido siempre una paradoja muy bonita e interesante de la que se han hecho eco películas como Lost In Translation, Babel o All About Lily Chou-Chou. Tres películas muy recomendables, por cierto.
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«Han hecho de mi vida un continuo striptease»

Hace aproximadamente 6 décadas que no actualizo en el blog y me siento en deuda con la sociedad, así que voy a retormarlo un poco, que me siento in the mood.

A veces simplemente me gusta sentarme en algún café frente a una taza de Earl Grey
y reflexionar acerca de la insoportable levedad del ser.

Retomando un poco la situación, había llegado a Montreal y estaba ligeramente deprimido con la idea de seguir con mi vida aquí, alejado de mi novio y amigos y de vuelta a la rutina de mi trabajo. Los primeros días fueron duros, me sentí solo y ninguneado en el trabajo. Lo cierto es que aquí los auxiliares (que al fin y al cabo, no dejamos de ser becarios) somos el último mono. Los primeros días me sentí como si fuera invisible, no sólo no me pedían mi opinión para dudas que aparecían en momentos puntuales sino que, por ejemplo, en una libreta interna, un compañero se dirigía en el saludo a los otros dos miembros del centro, obviándome por completo. Son pequeños detalles que realmente no tienen la importancia que yo les di, pero uno se sentía sensible y arrancado de su mundo tras el paréntesis navideño que supuso la vuelta a casa.

El caso es que a partir de las primeras semanas, las cosas comenzaron a mejorar. En la oficina cambiaron los ordenadores por otros que funcionaban, así que en los momentos de inactividad puedo conectarme a mis redes sociales y ver qué se cuece. Por otra parte, he vuelto a la rutina y el trabajo y varios proyectos me mantienen ocupado, al menos mentalmente. Me explico: quiero ir al gimnasio, pero estuve hablando con una compañera que se ha hecho el tour para ver precios y características y el que no te clava (todos) por no ser estudiante ni personal de la uni, está a dos autobuses y un rato a pata de distancia o es cutrón... Unos dramas absolutos, mientras que mi novio y amigos around the world parecen haber entrado en una fiebre colectiva por conseguir el cuerpo perfecto, que me parece muy bien, pero me muero de envidia frente a mis carnes no prietas en el espejo. Mi otro proyecto es el de las clases de francés a las que quiero apuntarme, ya sé más o menos dónde son y el precio está muy bien. El problema es la eterna lucha interna: entre tiempo libre/perreo y las horas que le dedico a mi trabajo, ¿dónde caben el gym y el francés?

Ciclotímica, vulnerable y tierna. Las mil caras de la vedette.

En el trabajo todo sigue igual: a veces más ocupado, a veces menos. Los talleres son una fuente de estrés, superación personal, aprendizaje y sensación gratificante. Hay alumnos rancios y alumnos súper entrañables. Hoy, sin ir más lejos, una señora secota, jubilada como el 90% de ellos, con el pelo gris y que dedica su vida a meditar y a leer bajo una lámpara que le nutre con la vitamina D que el ausente sol de Montreal no le da, me ha preguntado, en mitad de la clase: «Y tú, ¿qué haces aquí?», a sabiendas de que mis pocas clases como profesor de los talleres no pueden ser un motivo ni una razón únicas por las que una persona esté tan lejos de su casa. Les he explicado mis motivos y mis tareas dentro y fuera del departamento y parece que les he convencido. A veces creo que algunos sospechan y les nace la malicia dentro, pues intuyen que mi francés es bastante pobre y en mi universidad es requisito ser francohablante para trabajar en ella. Fascismos o discriminaciones positivas del lenguaje, que en Quebec abundan y en mi opinión muchas veces no hacen más que separar a la gente con esnobismos como «los anglófonos son tontos/no nos gustan/no nos caen bien». 

Que muchos sean cerriles y tengan complejo de monolingües no lo niego. Y que bien cierto es que los anglófonos, en su mayoría, pretenden de manera arrogante que todo el mundo les entienda con su inglés sin mover un dedo ellos por la coexistencia lingüística, también, pero existe mucha prohibición absurda, como en algunos centros de trabajo, donde la gente está obligada a hablar en francés, no ya de cara al público, sino entre ellos. ¡PERO BUENO! ¿Quién es nadie para decirle a otra persona en qué idioma tienen que hablar dos personas entre ellas? ¿Resulta que ahora tengo que hablar yo con otros profesores de español en francés por ley? Bueno, por suerte aún no ha venido nadie con esas imposiciones a mi centro de trabajo, pero las he visto similares. Mi jefe lo apoya y considera que es un milagro que 7 millones de francófonos hayan conseguido preservar su lengua entre miles de millones de anglohablantes. En parte tiene razón, pero yo no considero que el francés esté tan en peligro como él lo pinta. Aunque por otra parte conozco gente que hace una vida totalmente normal en Montreal sin saber ni papa de francés. Están las dos típicas caras de la moneda, en España pasa igual. También están aquí los que opinan que como parte de Canadá, deben tener derecho a expresarse en inglés y que no debe haber tanta persecución. Y en medio la gente, junta pero separada por la barrera del idioma.
DISCO INFERNO

Con respecto a mi vida social, las cosas empiezan a mejorar. Hace poco conocí a una chica súper maja a través del last.fm, mientras estaba mirando los asistentes al concierto de Robyn en la sala Metropolis el próximo 27 de enero. Me extrañó mucho ver a alguien con una música tan guay (no sólo Robyn, tenía el tipo de música que yo envidio por su coherencia, todo tan indie electrónico, tan intelectual, tan refinado) y no dudé en mandarle un mensaje. Esta chica promete ser la revelación de la temporada final de wherethewildcuquisare. Ya veremos si no se queda todo en agua de borrajas después. Ahora tengo varios proyectos en mente que me emocionan: cena el viernes con posible ronda de videojuegos posterior (esta chica tiene muchísimas video consolas [se dedica al testeo y a la traducción puntual de videojuegos. EMOCIONANTE]), IglooFest el sábado 22 (será la noche más fría hasta la fecha de mi estancia en Montreal, los termómetros auguran -28ºC de sensación, Nota mental: habrá que beber bastante), concierto de Robyn el 27, Carnaval de Invierno en Quebec, trabajo, gym y francés, llegada de JC hacia pascua con concierto de Kylie (la Gaga actúa 2 o tres días antes, pero mi amigo Philippe dice que las entradas van a ser imposibles de conseguir, porque se agotaron a las horas de salir. Bueno, digo yo, nunca subestimemos el poder de la reventa, que yo el día anterior al concierto de la Gaga estaba arrastrándome por Internet para revender la mía a precio de coste). Todo está en el aire. Pero me emociona.

La vida en Monti me emociona.


Nota: el título viene de una entrevista a The Legendary Miss Anita Obregón en El mundo en 2003. Clic aquí para una buena dosis de la protagonista de Ellas y el sexo débil.
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Ginger y Amber

Ayer fue la inauguración de la nueva sede donde yo trabajo. Se trataba de una conferencia impartida por el escritor Alfredo Gómez Cerdá, del que yo había leído varios libros durante mi infancia en la colección barco de vapor, así que me hizo mucha ilusión que fuera él el escritor invitado, y después había un cóctel/presentación de las instalaciones. La charla fue bastante amena y después el vino de honor en el trabajo estuvo muy bien. Fue curioso estar en la universidad de noche bebiendo vino en el trabajo. Los canapés estaban bastante ricos y pude probar unos 4 ó 5 de seis, lo cual no está mal, puesto que estaban literalmente contados.

De pequeño *amaba* este libro

El caso es que durante el cóctel estuve socializando con los asistentes, fui a saludar a un alumno, que había venido con una señora que vino un día a clase pero nunca volvió (es la que os dije que me juzgaba desde el asiento con su mirada helada). Había escuchado algo de problemas de salud, como motivo de su no asistencia a las clases, pero al hablar con ella, mis peores sospechas se confirmaron. La mujer en cuestión es una señora bastante mayor con actitud de «no tengo tiempo para tonterías, así que vayamos al grano». 

En pocas palabras me dijo que no le gustaba como daba la clase, que ella iba al grupo de conversación a hablar y que «presentarnos me pareció una tontería porque llevo viniendo muchos años y todo el mundo me conoce», y que después de eso «jugamos a los médicos, que no sé si lo sabes, pero en francés tiene otro sentido -hacer bebés-». Lo dijo con educación, pero sin miramientos y sin suavizar las cosas. Lo recibí con mucha diplomacia porque ellos saben que agradezco las opiniones y las sugerencias, pero fue como un jarro de agua fría, no lo negaré. Además, entre los dos se quejaron de que en el grupo avanzado había gente que no tenía el nivel adecuado y que «no me podía adaptar a ellos». 

Se quejaron mucho, sobre todo la mujer, que tiene un nivel casi perfecto de español, pero no me propusieron actividades que les gustaría hacer. Les hablé acerca de una idea que había tenido de que hicieran presentaciones de países hispanohablantes, pero la descartaron diciendo que leer datos de la wikipedia era una tontería y que no les servía para nada. Por supuesto, pusieron por las nubes al anterior auxiliar. Me dijeron que querían saber cosas sobre España, que se las contase yo, que sabía más que ellos, bla, bla. Y que no querían deberes. Toma ya. Viene un día a clase y me dice que todo lo estoy haciendo mal, que cambie. 

No me parece mal el hecho, porque entiendo su punto de vista, lo que me fastidia es que nadie me diga nada en clase o después de la clase, que no me ayuden a saber lo que quieren y que yo piense que están contentos con la dinámica y que luego, por casualidad me lo suelten todo de golpe y no se acojan a su libertad de no asistir a los talleres, si les parecen una pérdida de tiempo, sino que me hagan sentir culpable de esa manera. 

Cuando yo llegué aquí no tenía experiencia docente de ningún tipo y empecé a organizar las clases lo mejor que supe y pude. No quieren ver gramática, no quieren hacer actividades de diálogo, me tira por tierra la actividad de presentarse, que creo que, no ya para la clase, pero de cara a mí es un mínimo para comenzar y me parece buena actividad de expresión oral para romper el hielo y luego el juego de diálogos, en el que un alumno tenía que hacerse el enfermo y otro debía tratarle como un médico (hablarle con respeto, de usted, preguntarle por los síntomas, darle consejos) no me parece una actividad tan terrible como ella la pintó, y no se expresan tan bien como para que ese tipo de actividades se les queden cortas. Pero aún así la señora hacía hincapié en sus compañeros ,«es que algunos hacen errores y no se los corriges». Y yo pensando, sí, cielo, porque el hecho de que se estén esforzando por expresarse en otra lengua lo mejor que pueden y que lo hagan con dignidad para mí ya tiene mérito, y no quiero estar cortándoles a cada palabra porque entonces no fluiría su expresión.

Angry Old Lady's seal of approal

Vamos, que la señora me cantó las cuarenta. Motivo para beber más vino y salir entonado de la fiesta, que para eso tenía un cumpleaños al que asistir después. Estuve hablando también con los de la sección de catalán del departamento que son muy majos. Se habló de lo que cada uno iba a hacer por navidad, etc. La verdad es que estoy súper excitado con la idea de volver a casa por navidad, aunque Estela me contó que iba a casa y luego volvía para pasar la nochevieja en NYC. ¡Qué planazo! ¡Me muero de envidia! Yo la pasaré, probablemente en Valencia o en la coqueta localidad de Castellón de la Plana.

En un momento dado de la fiesta, Estela me plantó cierta emboscada, porque estaba hablando con ella y con mi jefe de que tenía que ir a comprar alcohol (el ambiente festivo y de colegueo instaba a no cribar mucho la información) y ella me dijo «Pero vamos a ver, ¿de quién es el cumpleaños? ¿Es guapo?» y yo, sin saber muy bien que decir, titubeé un poco y dije «Um, no sé. Tiene novio, así que eso es irrelevante» y retomé mi discurso previo a su pregunta, con lo cual me delaté bastante delante de mi jefe. No importa, it's all good. 

Finalmente, como el SAQ estaba cerrado (francamente no lo entiendo, las licorerías pueden vender alcohol hasta las 11 de la noche y en vez de aprovechar el tiempo legal de venta de sus productos tienen un horario aleatorio y cierran a las 9 o así) me compré unas 4 yonkilatas de Budweiser en un depanneur (tiendas de conveniencia de esas tan americanas donde se vende alcohol, patatas fritas, revistas del corazón y bonos de lotería ante la mirada de un propietario de origen exótico que muy probablemente guarda una escopeta bajo el mostrador).



Parte 2 del post: LA FIESTA

Al llegar a la fiesta le di el regalo a Philippe (el disco de Robyn - Body Talk pt. 2) y empecé a saludar a la gente, había gente que decía que ya nos habíamos conocido en la fiesta de Halloween, que yo era Robin y que habían visto mi foto durmiendo, y yo de «¿Ah, sí? La foto... espera, ¿qué foto?» y uno de ellos ellos «sí yo era Mario, ¿no te acuerdas?» y yo ponía cara de circunstancias. 

La fiesta estuvo bien, mucho mariquita en pareja, (como diría Mecano «mucha niña mona pero ninguna sola») y una nueva variedad de mariquitismo desconocida para mí hasta la fecha: el mariquita punki. Había un tipo rollo cantante de Ska-P con una cresta rosa que se ceñía a esta descripción. Misterioso. Uno de los momentos estelares de la noche fue la aparición de dos primas de un amigo de Philippe que no conocían a nadie en la fiesta y que no podían estar más out of their element allí. Ambas teñidas de rubio, con unos accesorios de lo más inquietantes (una llevaba un colgante de un mono de oro cuyos ojos eran tipo joya), robando copas por la casa y diciendo que el chisme para ponerle salsa al pollo parecía un butt plug, eran todo un ejemplo de clase y saber estar. Me dijeron que la gente no les caía bien, que no habían sido simpáticos con ellas ni les hacían caso así que se iban. Además mencionaron bien alto que no les interesaba nadie de esa fiesta. Iban un poco pedo(s)... Automáticamente las asocié con las mujeres con las que se casan Ned y Homer en las Vegas, Ginger y Amber. Al rato de haber llegado se fueron, como la mayoría de la gente, que iba viniendo y se iba, venían de paso. 

Viva Ned Flanders

A veces cuando estoy con gente que habla en francés me abstraigo porque no entiendo nada. Mi francés es ya de por sí limitado, pero el acento de Quebec es incomprensible, así que a veces me empano un poco y me aislo. Es muy triste la incomunicación. Sólo puedo esperar que más adelante seré capaz de comunicarme mejor con los francohablantes.

A la vuelta a casa me tomé una poutine con Christine, una chica muy maja. La poutine cuando vienes de fiesta es vida y media. Me sentí un poco mal de pedirme una con trozos de salchicha porque ella es vegetariana, pero yo no lo sabía. Woopsies.
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La integración

Me he dado cuenta de que pronto hará un mes que estoy en Montreal (para futura referencia, llegué aquí el 28 de septiembre) y poco a poco las cosas han ido encarrilándose. Tengo un piso en el que estoy a gusto, no es el sitio más acogedor en el mundo, pero la cama es cómoda, tengo calefacción y agua caliente, Internet y una nevera. Está muy bien situado. Llego al trabajo en unos 40 minutos y se me hace más corto, suelo hacerlo escuchando música y leyendo algún periódico gratuito como Metro o 24h. 


Estoy a gusto en el trabajo, aunque soy un poco el último mono y las clases son un subidón de adrenalina al que aún estoy acostumbrándome. Cada alumno es un mundo, a pesar del denominador común 'estamos jubilados' (el 90% de ellos), los hay muy simpáticos, serios, algún borde, callados y otros que se dedican a acaparar la clase. Hay que tener cuidado con ellos. Para preparar las clases, la oficina donde trabajo es genial porque tiene muchos libros y recursos. Con mis dos grupos suelo seguir los libros Prisma B1 y Prisma B2.


Mi antecesor en el centro, un chico muy majo llamado Arnau se ofreció a presentarme a amigos suyos en los diferentes e-mails que nos mandamos tras mi incorporación al centro. A raíz de esto agregué a varios de ellos al Facebook y la semana pasada quedé con ellos. Mi contacto era, en primer lugar un chico llamado Simon, que según me habían dicho trabajaba en una sex shop. Cuando salí de dar clase el pasado miércoles le llamé y entre inglés y francés me explicó cómo llegar a su casa, a pesar de que él no utiliza el metro a menudo. Evidentemente, de camino a su casa me perdí un par de veces y tuve que parar en mitad de la calle a abrir mi macro mapa desplegable para tratar de ubicarme. Cuando llegué a la calle, traté de memorizar el número de su casa, no me acordaba bien (típico) y le volví a llamar para que me confirmara que, en efecto, era el que yo tenía en mente.


Bien de XXXO


El chico era súper simpático, me recibieron él y un perrazo gigante. «No te dan miedo los perros, ¿no?» me preguntó, «No» dije «bueno, un poco añadí» tras ver que el perro estaba especialmente eufórico y me olisqueaba la entrepierna. Temí que se pusiera a bailar merengue de pie y me tumbase. «No estoy acostumbrado a estar con animales» me excusé, con una sonrisa. Luego pasamos a la cocina y me ofrecieron algo de beber, lo cual se agradeció. Empezamos con el vodka yo y el gin él. Mi francés era bastante pobre, pero creo que conseguí expresarme con más o menos soltura. Al poco llegó una chica, compañera de piso, que se unió a la charla. Era muy simpática, y Simon dijo, con humor, que era «la única chica del grupo».


Hablamos de música y me di cuenta de que teníamos un gusto musical similar, lo cual me alegró mucho, se habló de Robyn, Crystal Castles, The Knife, Kylie, Gossip... Sobre todo pop electrónico con alguna concesión al mainstream. Genialidad. Luego nos dirigimos hacia  Le village gai, donde ibamos a reunirnos con otro de los chicos que había agregado previamente (Philippe) y fuimos a un bar que mezclaba elementos del típico sports bar americano, un karaoke y una zona muy amplia con billares (sólo había mujeres jugando a ellos). Tomamos varias jarras de cervezas. En un momento dado llegó Philippe, un chico con muchos tatuajes en los brazos que nos mostró su última adquisición: un tatuaje de la isla de Montreal (el dibujo geográfico) porque dijo que «le gustaba mucho la ciudad». Algo ebrio, le sugerí en tono jocoso que ahora tenía que tatuarse la cara de Céline Dion en el otro brazo. Se rieron. 


Le village gai por cortesía de Wikipedia


La comunicación fue bastante bien, por suerte, cuando hablaban entre ellos desconectaba un poco, porque me cuesta mucho estar conectado todo el rato a la conversación, pero no tanto como para abstraerme del todo. Después de eso, salimos y Philippe dijo que se tenía que ir (recordemos que aquí los estudiantes están de exámenes). Simon y yo fuimos a un pub con poca luz, que Simon describió como de ambiente un poco bear, pero que a mí me pareció de ambiente a secas. Solo había una mujer, eso sí. Y ahí bailamos y pasamos un rato más hasta que salimos y yo estaba hambriento (no había cenado, no consigo adaptarme a los horarios de este país), fuimos directos a un McDonald's que se cruzó en nuestro camino. 


Después de eso, vuelta a casa en autobús y yo me bajé cuando Simon me indicó. Fue una noche muy agradable y ebria. Me lo pasé muy bien y sentí que ya había empezado a tener un poco de vida social en Canadá, por fin. Al día siguiente fui al trabajo con una resaca considerable, que tenía reunión semanal.


Esta semana seguramente también quedaré con ellos y Halloween (probablemente la fiesta más fantástica de Norteamérica) está a la vuelta de la esquina. ¿Alguna recomendación de disfraz?